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Mujeres que beben Gin-Tonic

(A partir del artículo de Teresa Álvarez en este mismo blog, y en la línea de otros artículos en la red sobre aquellas mujeres que leen y aquellas que no,  a riesgo de que la censura  de lo políticamente correcto me tache de misógino, machista, retrógrado y reaccionario, quiero dedicar un pequeño homenaje en este templo del Gin-Tonic a las mujeres que beben Gin-Tonic. De igual manera (y entonces sospecho que nadie me tachará de feminista y andrófobo) devolveré el equilibrio y la justicia al caos que llamamos “orden” con otro post acerca de aquellos hombres que beben Gin-Tonic.)

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Que llegamos tarde a casi todo es una sensación que todo ser humano a tenido alguna vez, y casi no se nos ha ido la sensación de haber llegado demasiado tarde a la vida, cuando sentimos que estamos de vuelta y que el tiempo nos la ha jugado clavándonos su puñal por la espalda. Apenas aprendíamos de adolescentes a entender que la sensualidad era un hombro desnudo de Sophia Loren, que el placer no es sino los carnosos labios de Mónica Bellucci, que la erótica era mujer y se llamaba Brigitte Bardot, cuando el significado de todos esos sustantivos variaba y los tipos duros como Clint Eastwood pasaban de moda en favor de angelicales galanes como Richard Gere. Sin embargo, y pese a ello, hay valores universales en el imaginario colectivo y atracciones imperecederas a través de los tiempos. Y a mí siempre me llamaron poderosamente la atención aquellas mujeres que beben Gin-Tonic.

tumblr_ltuxc292DI1qkwouio1_500_largeSerá por la mezcla de dos de los mayores placeres y, a la par, de los peores problemas (cuando se convierten en ello) para un hombre (como son las mujeres y la bebida) pero el cóctel de mujeres que beben Gin-Tonic siempre me provocó en la garganta el fuego de un Chupito TVG. Y es que, que la belleza es subjetiva y depende de las dioptrías del cristal con que se mire, es tan cierto y demostrable como el inexplicable magnetismo que nos despiertan personas que ni nos son afines ni nos resultan físicamente atractivas pero que tienen ese algo que borra de un plumazo todo lo demás. Y yo no atino a entender si es el elemento líquido el que da a una mujer que bebe Gin-Tonics ese aura que llama mi atención, o es, por contra, el elemento químico el que da al Gin-Tonic que acompaña a una mujer, un glorioso aspecto seductor.

Como en una casa con grandes estanterías repletas de libros ajados de repetidas lecturas, entrar en casa de una mujer en cuyo mueble bar custodia su particular colección de ginebras me da notas aromáticas de alguien que se bebe la vida sorbo a sorbo, que a la semana gana reflexiones y a las prisas tiempo para uno mismo servido en copa de cristal.

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Más allá de modas, de hábitos y actos reflejo, las mujeres que beben Gin-Tonics se me antojan interesantes, con un discurso ácido a la par que cítrico a medio hilar, con un tacto glacial a la par que cálido, con una mirada que posa su horizonte en el final de una copa transparente que da forma a su entorno a la vez que lo distorsiona. Las mujeres que beben Gin-Tonics no son sino las gotas de agua que brillan en el verde mar. De día, de tarde, de noche, las mujeres que beben Gin-Tonics son la autosuficiencia, la independencia con forma y contoneo de mujer. Son capitales en el país del deseo, destellos de una sensual inteligencia latente consumadas en el más aparentemente liviano acto de beber. 

tumblr_inline_mno0mtFgGQ1rb19r9Las mujeres que beben Gin-Tonics, que conocen sus secretos y agregan o descartan especias a su copa con conocimiento de causa, bailan con la elegancia del tango entre la icónica referencia de Marilyn Monroe y la sensual inteligencia de Natalie Portman. Comprimen en su sabia elección del trago largo de enebro, cardamomo y angélica (entre otros botánicos) la transgresión de Concepción Arenal con la calma de Rosa Parks. Las mujeres que beben Gin-Tonic son Señoras o Señoritas (con mayúsculas), hermosas notas de improvisado adorno en la interpretación de una pieza clásica. Son trazos de fantasía en un gris velador de Café.

Regalar a un mujer que bebe Gin-Tonic resulta a la vez, sencillo y complejo, conciso pero arduo. Trabaja para mujeres que beben Gin-Tonics. Invítala a salir, deja que paladee suavemente su elección cuando os sentéis en cualquier coctelería a ver la vida pasar o a hablar de lo divino y de lo humano. Escribe, pinta o compón a mujeres que beben Gin-Tonics, a esas que encarnan la belleza eterna en el esbozo de una joven arruga; a esas que de independientes y libres parecen poder abandonarnos en cualquier momento. Habla con mujeres que saborean un Gin-Tonic; discute, asiente, sentencia, valora… Posa tu vista en su copa, apoya tu admiración a ella en ese aparentemente ridículo acto cotidiano de beber Gin-Tonic; pero nunca subestimes lo que encierra que una chica beba Gin-Tonics.

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Porque una chica que bebe Gin-Tonics sa-bo-re-a. No bebe por costumbre social, no bebe de viernes a domingo en un intento de dar rienda suelta a su lado salvaje; no mastica palabras dulces y huecas azucaradas por tragos de caribeños rones, no busca el amargo recuerdo en el fondo de un vaso de güisqui… la mujer que bebe Gin-Tonic se eleva sobre el simple hecho de echar un trago para engrandecer lo que para el común de los hombres es, a lo sumo, un hermoso hábito.

Las mujeres que beben Gin-Tonics se saben las últimas de una especie venerada; últimos faros en un país sin puertos, donde las risas son vidriosas y roncas, donde la luna se funde cual bombilla barata y donde las calles del amor las recorren hombres y mujeres de ambiciones baratas. Las mujeres que beben Gin-Tonics son mujeres gourmet del amor, femmes fatale a la que tantos aspiramos a acudir y conquistar. Las mujeres que beben Gin-Tonics son el recuerdo de alguna canción de Ariel Rot, Andrés Calamaro, Joaquín Sabina, Lou Reed o Fito Cabrales; un reflejo de adicción en tu retina, speed para el corazón y un espejismo un lunes de oficina.

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Las mujeres que beben Gin-Tonics son la sensibilidad más fina y pura del gusto, la fragancia de la mujer autónoma y la atracción del refinado mundo interior que encierran. Son el ritmo de un tacón en la avenida para cualquier Frank Sinatra, un número de teléfono en rojo cereza escrito en el espejo de la habitación de hotel, el guante de Rita Hayworth en Gilda, la pelirroja sensualidad de Nicole Kidman en Eyes Wide Shut, el poderoso, frío y erótico rostro de Sharon Stone en el cruce de piernas ante Michael Douglas en Instinto Básico, la nívea inteligencia de Anne Hathaway y la fuerza de Frida Kahlo Benazir Butto.

Y es que si, como dijera Antonio Machado, “el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer”, qué decir cuando son los mismos labios que besan el nombre de un hombre al pronunciarlo una mujer, los que besan una copa de Gin-Tonic.

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