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Gin tonics de menos en el Séptimo Arte (y IV)

(Viene de aquí)

Echamos de menos ver en la pantalla un London Dry Gin, un Tom Collins, un Gin sour… también en:


Carlito´s Way:

Traducida con el demasiado narrativo título de Atrapado por su pasado, Brian de Palma, de la mano de dos de los grandes del cine contemporáneo (Sean Penn y Al Pacino), nos regaló en 1993 un film intermedio entre dos de sus más célebres obras: El Padrino y Scarface. De la primera, la poesía del crimen, los valores en decadencia o a la inversa, un mundo en decadencia frente a los últimos valores casi obsoletos, de la segunda, el crimen de baja estofa, la sangre salpicando camisas de cuello grande de pico, la coca, la furia de las calles…

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En su acertadísima voz en off, Carlito, puertoriqueño extraficante que ha salido de cumplir larga condena por tráfico de estupefacientes, regresa a Nueva York para tratar de ganarse la vida de manera honrada y de recuperar a la chica que dejó fuera mientras estuvo encarcelado, pero pronto el pasado le envuelve, debatiéndose entre sus valores de lealtad y amistad y los dictámenes de la razón y el corazón. Con un gran guión y respaldado por un elenco soberbio, De Palma nos regala un sensible retrato de sus complejos personajes.

Resulta inevitable imaginar a Edward Hopper tomando rápidos esbozos de Gail (ex novia de Carlitos Briganti en el pasado) mientras se deja invitar (y reenamorar, quizá) por un Al Pacino cansado y cauto, escarmentado, un Pacino que después de años abre su interior sin remilgos, sensiblerías ni disfraces de tipo duro. La luz, las gotas de lluvia en el cristal, la gente esquivando sombras entre charcos de luz de las farolas tintineantes de un callejón de Nueva York y… ¡¿Unas tazas blancas en la mesa?! ¡¿Acaso una tensión romántica merece un par de tazas de desayuno de la Srta. Molly?! ¡¿Acaso beben té mientras un Edward Hopper les retrata al otro lado en lo que posteriormente se llamaría Nighthawks?! Echamos en falta, y mucho, por las altas horas de la noche en la que se encuentran, por la conversación que mantienen, por lo que no se dice y por lo que sus hombros sostienen, un Gin Palmers con tónica Abbondio a cada lado de la mesa.

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Un film que lo tiene todo: Crímenes, Mafia, pasión, salsa… pero que carece de nuestro suave y destilado elixir.

Luna de Avellaneda:

Diez años cumple una de las obras maestras del aclamado director argentino Juan José Campanella. Acompañado, como no podía ser de otra forma, del nombrado “actor más influyente de América Latina”, Ricardo Darín, Campanella nos pinta un retrato de la actual Argentina (y España, por qué no) donde los estragos de la crisis económica con el que cotidianamente lidian las familias medias de Buenos Aires obligan a sopesar convertir en un casino el club social que fundaran sus padres 50 años atrás.

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Un film donde la tragedia y la comedia bailan un tango tan solemne como alejado de la tragicomedia. Con su característico humor finamente hilado, con su retrato de bonaerense típico encarnado en Ricardo Darín que se debate entre la pasión y la necesidad, los valores, las promesa, y la plata, Campanella tiñe de dulce nostalgia el fondo de una copa medio llena o medio vacía, según se mire. Eduardo Blanco, Mercedes Morán o el gran actor tristemente fallecido José Luis López Vázquez, secundan la gran actuación de Darín.

En esas apasionadas discusiones de bar que tanto gustan a J.J. Campanella, un guiño al Gin no hubiera estado de más. Si bien es cierto que por motivos histórico – políticos, todo lo relacionado con la cultura anglosajona podría estar rechazado (a priori), existe un gin, obra del famoso bartender Tato Giovannoni (propietario también de la coctelería de culto Florería Atlántico) comercializada como Príncipe de los Apóstoles, que contiene, además de enebro y otro botánicos, la yerba mate, elemento socializador argentino por excelencia y planta originaria de las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y el curso superior del Uruguay, que se toma como infusión y cuyo amargo sabor suele suavizarse con azúcar, stevia o edulcorante.

Por un puñado de dólares:

Por un puñado de dolares

Acabamos la saga de películas a las que les faltó un buen Gin Tonic con un tributo al spaghetti western.

¿Qué bebe ese joven y arrogante Clint Eastwood en ese fantasmagórico San Miguel, antes de hacerse pistolero del clan de los Rojo? Siempre con su purito en la boca, disparando con la mirada y apuntando con el gatillo, Joe es la rudeza del hombre en el desierto salvaje, la bala que sesga vidas como quien pinta goznes de puertas, es un poncho desgarbado en movimiento que no teme a nadie y que monta a caballo con su peculiar estilo jorobado ¡¿Acaso un puñado de dólares (y más que gana en su trabajo, aunque sin jefes ni banderas) no le alcanzan para sustituir ese amarillento güisqui o esa transparente e insípida agua por un seco Gin sólo?!

Surrealista film de Sergio Leone que convertiría la trilogía en mito del cine y elevaría aún más a un vaquero altivo que venía a romper la tradición dura pero sensible de sus predecesores J. Wayne y Charlton Heston. No pretendo que Joe beba ginebra triple X en una garrafa de litro y medio o que persiga sus escondidas botellas como Cary Grant en Operación Pacífico, pero en el desierto, con un rifle y un caballo, los western nos enseñaron que el hombre bebe, fornica, escupe y mata; y a Sergio Leone se le olvidó tan sólo la primera.

Éste ha sido un breve y personal repaso a aquellas series y películas en las que servidor echó en falta la presencia de un buen London Dry Gin hasta el punto de levantarse a servirse uno. La lista de films excluidos y de los que podríamos hablar resulta infinita pero como en la carta de Ginebras de un buen hotel, queremos ofrecerte calidad y variedad.

¿Y tú, qué films añadirías?

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