gold9999

Gold 999.9 es una ginebra entre mil

Lujo, brillo, estilo, elegancia… son valores a los que se asocia el oro, el más vil (eso también) de los metales. Gold 999.9, que toma su nombre de la pureza máxima que puede alcanzar el oro acuñado (casi), quiere asociarse también a esos valores para ofrecer una ginebra premium con todas las de la ley; nunca mejor dicho.

Su origen está envuelto en leyendas tal vez un poquitín fabuladas de más… En principio, se destila en un pequeño alambique de oro que alguien escondió a finales del siglo XIX en Alsacia, para evitar a los vencedores y saqueadores prusianos. Ese alambique se desenterró en una excavación arqueológica a principios del siglo XX, y un maestro destilador lo adquirió en subasta pública. Su receta sobrevivió hasta nuestros días, mantenida en secreto…

Personalmente me creo la mitad de la historia; que esta ginebra francesa se haga en Alsacia, eso sí; que se haga en un alambique de oro, eso no (la rocambolesca historia sobre el mismo no interesa); que la receta sea la misma que usan en la actualidad, eso tampoco. Lo que no quita que sea una ginebra estupenda, de alta gama, triplemente destilada con cariño en pequeños lotes y embotellada con todo lujo de cuidados…

Dicen por ahí que la receta incluye oro…

Con los botánicos también hay un problemilla (normal, con una receta tan secreta)… En principio la lista la componen enebro, angélica, mandarina, violeta, genciana, amapola, jengibre, coriandro, almendra y vainilla. Limón también, seguro. Según otras fuentes (en otras webs que he mirado, vaya) se menciona la raíz de lirio corteza de casia y, como pilar fundamental, haba tonka, una rareza sudamericana con aroma especiado…

En cualquier caso, el patrón aromático no está nada mal; algo alejado de la tradición, pero resulta una buena combinación contemporánea con la mandarina y la vainilla como protagonistas; dulzona y con un tono general terroso, por lo tanto, aunque las notas florales crean cierta astringencia en el paladar y la almendra reafirma un final amargo muy apreciable por su suavidad.

Además de ser una botella tremendamente llamativa (todos tenemos algo de urraca en el fondo del alma) que siempre queda bien el cualquier mostrador, es muy fácil de combinar. Yo la probé con una tónica suave y equilibrada, pero un refuerzo cítrico no le hace mal, sea en la propia tónica o en los aromáticos: el twist tradicional de lima y alguna fruta dorada (uvas, piña) te ayudarán.

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